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Escrito por: Marcelo Stiletano
Tendencia: el cine vuelve a mirar el futuro con pesimismo.
Luz, cámara... apocalipsis
Todo puede ser peor. El futuro ominoso que imaginan algunas de nuestras peores pesadillas también es posible. Hay quienes creen que la catástrofe se disparará a partir de la azarosa combinación de una serie de factores incontrolables. Otros especulan con la acción humana, fruto de algún involuntario error de manipulación o directamente de las ambiciones desmedidas de alguna mente enajenada.
 
También están los que vaticinan un porvenir de tierra arrasada, resultado inevitable de la acción depredadora del género humano sobre su propio planeta. Y cómo no sumar a esta lista todas las amenazas que llegan desde el espacio exterior. En esas referencias extraterrestres se apoya Sector 9 (District 9), cuyo estreno aparece como nuevo punto de partida de una tendencia cinematográfica que ya se nos hizo costumbre y cada tanto regresa con más fuerza: imaginar desde la pantalla las características del mundo que vendrá. Con la mirada pesimista, la búsqueda deliberada del impacto inmediato y un claro sesgo apocalíptico ocupando los primeros planos. Dejar al espectador envuelto en preguntas inquietantes y difíciles de responder es la consigna. Sobre todo desde que algunos acontecimientos recientes dejaron atrás aquella frontera infranqueable entre las fantasías futuristas del cine catástrofe o de ciencia ficción y una realidad que entrega certezas cada vez más endebles. Varios de esos interrogantes sobrevuelan la trama de Sector 9, que Columbia lanzará el próximo jueves. Se trata de uno de los acontecimientos de la actual temporada: un film que costó apenas 30 millones de dólares, lleva recaudados hasta ayer 125 millones y lo más importante, más allá de los números, provoca entusiasmo y comentarios muy superiores a los de tanques muchísimo más costosos y pagados de sí mismos. Realizada en Sudáfrica por un director casi ignoto (Neill Blomkamp) y protagonizada por un actor que jamás había aparecido ante las cámaras (Sharlto Copley), Sector 9 apoyó buena parte de su audaz irreverencia en el respaldo incondicional de su productor, Peter Jackson. El realizador de El señor de los anillos confió en la osadía propuesta por los sudafricanos: un film cuyo punto de partida es una nave extraterrestre que en vez de llegar a Chicago o Nueva York queda suspendida sobre el cielo de Johannesburgo y allí se queda, inmóvil, por algún problema no especificado. Sus alienígenos pasajeros (llamados peyorativamente "langostinos"), terminan alojados en una suerte de gueto marginal de la ciudad como si se tratara de una comunidad segregada y carente de las necesidades mínimas (explícita mención al apartheid ). En esta inversión de la clásica historia de invasiones extraterrestres, los temores de la población humana se extienden al terreno político y racial. El film, narrado como un falso documental, muestra cómo una organización multinacional privada decide desalojar a los aliens y llevarlos a un lugar todavía más lejano y controlado. Al frente del operativo, un burócrata (Copley) se descubrirá parte de un inimaginable mundo futuro, donde los temores sociales y la discriminación se mezclan con los enigmas de otros mundos. El film, que dialoga a la distancia con la ciencia ficción clase B, Transformers, Terminator , Ciudad de Dios , Cloverfield , y, por supuesto, Alien y sus continuaciones, ya está abierto a una secuela y a no pocas controversias. El gobierno nigeriano, por ejemplo, acaba de prohibir la exhibición del film, ya que allí se retrata a los oriundos de ese país como traficantes de armas y pandilleros que controlan a pura violencia el gueto en el que viven los aliens . El miedo a un futuro violento y abierto a toda clase de mutaciones dentro del género humano, en el que quien posee la fuerza impone condiciones y maneja los escasos recursos disponibles, se extiende desde Sector 9 hacia otros títulos inminentes del cine posapocalíptico. Una línea abierta en este sentido, que sigue la línea reciente de Niños del hombre y Soy leyenda es The Road , adaptación del relato homónimo de Cormac McCarthy, que acaba de ser presentada en los festivales de Venecia y de Toronto, y llegará a la Argentina en enero de 2010. En el film, ambientado en un mundo futuro devastado por una catástrofe climática, Viggo Mortensen encarna a un padre que procura sobrevivir junto a su hijo en ese contexto adverso y huir de las hordas de caníbales hambrientos que los acosan. No es el único estreno inminente ligado al retrato del mundo que viene transformado por los desastres del medio ambiente, tema al que también le presta hoy mucha atención el género documental (ver aparte). Para marzo próximo se espera el estreno en la Argentina de The Book of Eli , en el que Denzel Washington personifica a una suerte de guerrero solitario que en un planeta devastado trata de proteger un texto sagrado que puede ayudar al rescate de los pocos humanos que aún sobreviven. El perfil más espectacular de esta tendencia llegará antes, el 3 de diciembre, con el lanzamiento de 2012, nueva incursión de Roland Emmerich ( Godzilla , Día de la Independencia , El día después de mañana ) en el cine catástrofe. Aquí, la pintura del futuro es aún más destructiva y se liga con una antigua profecía maya en la que se advierte que el planeta tiene fecha de vencimiento precisa: el 21 de diciembre de 2012. Las imágenes del trailer que ya recorre el mundo auguran una visión que trata de ir más allá de todo lo que se dijo y se mostró sobre el Apocalipsis en la pantalla grande: un terremoto de 10,5 grados destruye Los Angeles, una ola de proporciones bíblicas deja bajo el agua todo el Himalaya, la cúpula del Vaticano queda completamente destruida y el Cristo Redentor de Río de Janeiro, arrasado. En medio de la hecatombe, Emmerich cumple a rajatabla con el manual de Hollywood y muestra la lucha por la supervivencia de una familia encabezada por John Cusack. El Apocalipsis, ahora en pantalla grande y con sonido envolvente, una tendencia irresistible
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